LA HISTORIA DE UN CAZADOR

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Daeho (su titulo original) es una película extraña. Muy extraña. Tenemos una historia de época interesante, un actorazo como es Choi Min-Sik, una música que no anda mal, pero… los efectos especiales son tan digitales que aturden.

Sí. Aturden. Porque no solo no consiguen convencer, sino además te llevan a pensar que estás frente a una suerte de Jurassic Park, más que a un drama tenaz como aspira a ser conserada.

La historia se sitúa en el Reino de Corea durante la ocupación del Imperio Japonés (1935), más precisamente en la montaña Jirasan que se caracteriza por albergar tigres siberianos. Mejor dicho de haber albergado, porque ya están casi extintos.

El oficial japonés Maezono, a cargo de la región, es un reconocido sanguinario militar cuya fascinación por la caza la hace notar. Su oficina está decorada con cabezas, y animales disecados. Al enterarse de la existencia del último tigre coreano vivo, conocido como el «Señor de la montaña«, hará lo que sea para extinguirlo en nombre del Glorioso Imperio Japonés. ¿Le será tan fácil? Definitivamente no.

En esta misma línea, entra Chun Man-duk, el cazador que entra a jugar su papel en esta historia; y a medida que la historia avanza, va dilucidándose la relación que lo une y separa con el Señor de la montaña: un pasado en común que los mantiene en una silenciosa e inestable tregua.

El tigre y el cazador

Los movimientos del tigre (un coloso más similar al Dientes de sable que a un tigre siberiano), desconciertan lo cual es un aspecto no menor (ya que estamos frente a una película en donde la atención misma recae en el tigre digital); y resulta que la bestia felina es más ágil que un ninja (siendo que pesa al menos 180 kilos); que vuela por los aires, prácticamente…

La actuación de Choi Min-Sik, nada que decir. Extraordinaria; como nos tiene acostumbrados ya en Oldboy y I saw the devil, y eso es un gran mérito: porque el cazador a quien encarna es un personaje aburrido en sí. Igual consigue sacarle brillo, y eso es digno de aplaudir.

En definitiva, estamos frente a una película floja. Que a ratos produce tedio y que la vanidad por intentar hacer una súper película con efectos especiales de primer nivel, consiguió ser un atentado: se lleva gran parte de la atención y recuerda a una película de aventuras familiar estilo Jurassic Park.

Por lo demás, es otra de las tantas películas coreanas que buscan reflejar la aún latente odiosidad hacia los japoneses.

Acerca del autor

Crítico de cine y fanático de la comida china. En búsqueda de la mejor película asiática mientras devoro wantanes (porque, sinceramente, son mucho mejores que las gyosas y los arrollados primavera).

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