PERSIGUIENDO LA VENGANZA CON UN MARTILLO

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Oldboy es sin lugar a dudas el máximo exponente de los thrillers coreanos. Es la gran obra maestra. Es incluso más que eso: es la primera película de Corea del Sur que merece ser considerada de culto. No por nada consiguió elogios e importantes premios en Occidente (Cannes, Sitges).

Oldboy está basado en un manga japonés del mismo nombre. Se dice que también tiene guiños a el libro de Alejandro Dumas «El conde de Montecristo».

Pues bien. Revisemos este imperdible drama de venganza. Dae Su Oh (Min-sik Choi), fue secuestrado. Durante 15 años lo mantuvieron aislado en una misteriosa habitación dejando abandonadas a su suerte a su pequeña hija y esposa. ¿Quiénes fueron, por qué? y una serie elucubraciones lo atormentaban permanentemente. Para distraerse, Dae Su Oh comienza un riguroso entrenamiento físico y se va informando de la actualidad mediante un televisor (en donde se entera que su esposa fue asesinada y que el único sospechoso es él).

Con el tiempo Dae Su Oh se convirtió en una máquina de matar. Cierto día es liberado en la azotea de un edificio. Parte su búsqueda por hallar la verdad y recorrer el sangriento camino de la venganza.

Comienza así una frenética aventura para dilucidar el misterio. Contará con la ayuda de una bella joven que conoce en un restaurante y se dejará llevar por su nuevo yo. El yo bestial que nació en aquella misteriosa habitación.

Oldboy es una joya por donde se le mire. Una banda sonora preciosa. De bellísimas armonías que arman un escenario lúgubre y dramático durante todo el metraje. Una fotografía muy sugerente. Bien lograda, que le otorga el filo necesario para darle intensidad narrativa. Porque ver Oldboy y pestañar no van de la mano. No hay tiempo para ello. El ritmo y los constantes giros y desarrollo de los personajes así lo impiden.

¿Estamos frente a LA gran película coreana del siglo XXI? Puede sonar aventurado afirmarlo. Pero definitivamente hay un antes y un después en el cine asiático con Oldboy. Y la razón es simple: posicionó a Corea del Sur en las grandes vitrinas de Occidente brillando por su exquisita belleza, intensidad de violencia y una intrigante sexualidad.

Hablar más sería caer en lo soberbio y lo que es peor, revelar toda la riqueza argumental de esta historia adrenalínica. Sí es imperativo decirse que el final es sencillamente espectacular ya que consigue un cierre perfecto que logra hacer converger la misteriosa causa del secuestro, el anhelo de venganza y el cómo las convicciones más fuertes que puede tener un hombre son susceptibles a una desconcertante verdad. Pero es necesario, hay que hacer una advertencia: la película es tan violenta como perturbadora. En ningún caso es para todo público. ¿Para mayores de edad? No precisamente…

Si bien las escenas más gore son abordadas con gran astucia de planos de manera de no caer en lo explícito, no por ello pierden sangre, violencia y brutalidad. La intensidad se mantiene intacta.

El remake de Spike Lee

10 años después Spike Lee la «Hollywoodisaría» de la mano de Josh Brolin como actor principal consiguiendo un resultado bastante anémico que poca justicia le hace a la historia. ¿Una mala adaptación? Sin duda que sí para quienes hayan visto la original. Sin embargo, no deja de ser interesante el cómo se las ingenia para hacer calzar una trama difícil de adaptar debido a los principios morales del otro lado del océano.

Se consagra como obligatoria para todo fanático del género o para quienes quieran adentrarse en el cine coreano de venganza.

Acerca del autor

Crítico de cine y fanático de la comida china. En búsqueda de la mejor película asiática mientras devoro wantanes (porque, sinceramente, son mucho mejores que las gyosas y los arrollados primavera).

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