RECREANDO COREA DEL NORTE DE FORMA MAGISTRAL

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Explotar como argumento de lo que pasa más allá de la Zona desmilitarizada y el papel que juega la gigante China para que ambas coreas puedan hacer negocios de manera oculta, es lo que nos propone The spy gone north, una audaz película que aprovecha la contingencia de una manera magistral para sumergirnos en una historia clandestina y donde al parecer no existen fronteras impermeables, incluso si se trata de la más vigilada del mundo: la de la península de Corea.

La historia comienza en Corea del sur, cuando un ex agente de inteligencia renuncia y cae en alcohol y las apuestas. Sin embargo, todo es una pantalla: se trata del agente encubierto “Black venus”, que se hará pasar por un connotado comerciante quien se propone ayudar financieramente a Corea del norte, con tal de poder infiltrarse en el régimen y así poder conseguir entrevistarse con Kim Jong-Il.

En estricto rigor, The spy gone north está basada en una historia real pero claro… como toda película de esa índole, se encarga de advertir que tan, tan real no es, ni tampoco que los personajes son necesariamente los que se plantean. Pero esta suerte de advertencia, más que a ser considerada, no convence en lo absoluto. Se sabe que en el mundo de la política y las relaciones internacionales es fundamental ponerse parches antes que aparezcan las heridas. En otras palabras: para evitar dejar a los vecinos del norte como unos orates, pobres, ineficientes, corruptos, sin honor ni principios; mejor jugar con la ficción a fijar una premisa de que el régimen comunista es inconsecuente en todo momento.

En cuanto al reparto, no contamos con grandes sorpresas ni revelaciones. Pero tampoco decepciones. Norcoreanos de buen corazón, surcoreanos corruptos… esa suerte de paradigma invertido en donde los malos no son tan malos, ni los buenos tan buenos, nos aterriza a la realidad humana. No estamos frente a un conflicto en donde se es rojo o azul. Los matices existen pero necesariamente se camuflan por los respectivos gobiernos.

Lo que la hace una imperdible

El gigantesco desafío de The spy gone north, era de por sí un imposible: grabar en Corea del norte. ¿Cómo entonces rodar una película que gravita, precisamente, en Corea del Norte, el país enemigo por definición y el consagrado como el más hermético del mundo? Si se trata de un un agente que va y conoce al dictador. ¡Vaya desafío!

Lo magistral del filme, y por lo que sin duda saca todos mis elogios, es la increíblemente convincente recreación escénica que se logra de Corea del norte. ¡Si es como estar en la norcorea de los Kim que los documentales oficiales del régimen nos muestran! Las gigantografías, propaganda, monumentos, el característico hotel triangular, calles enormes, falta de tráfico. Cuadros enormes. Todo. Estamos frente a una réplica si no decir exacta, muy cercana a lo que se conoce.

La fórmula «007»

La receta para lograrlo no es nueva. Se trata de la «fórmula 007» la cual consiste en buscar locaciones en paises estables que puedan pasar por las de uno inseguro, hermético, inestable, terrorista, y del cual se pretende exhibir una mala imagen país. Un ejemplo de ello es Quantum of solace, donde James Bond viaja a Bolivia, y en donde Bolivia no queda precisamente bien puesta. ¿Qué se hizo? Se rodó en el norte chileno. Se disfrazó un poco, maquillaje por aquí, por acá, ¡y listo!

Poniendo en práctica esta fórmula, Taiwan es Corea del norte. Una no tan pequeña isla china que se declaró un país independiente luego de la revolución maoísta. Por consiguiente, un país no reconocido por el gigante asiático y que es de corte capitalista. Pues bien, el corazón del capitalismo chino pasó a ser Corea del norte. ¡Notable!

Spy gone north queda recomendada porque es buena, entretenida, y si bien es de larga duración, no fatiga. Eso sí, convengamos que no es nada nuevo bajo el sol naciente. Solo la buena receta sazonada con aliños coreanos.

Acerca del autor

Crítico de cine y fanático de la comida china. En búsqueda de la mejor película asiática mientras devoro wantanes (porque, sinceramente, son mucho mejores que las gyosas y los arrollados primavera).

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